PORTADA HISPANA.-

“Joven de Noche” es el segundo poemario del escritor y promotor cultural peruano Sergio Gómez Reátegui, publicado en el  2026.  Además de su producción escrita —que incluye su ópera prima “Sobre papel ajado” (2021)—  Sergio Gómez Reátegui es conocido en el circuito cultural peruano por fundar y codirigir el colectivo poético La Poesía Embiste, dedicado a descentralizar y difundir la poesía en diversas ciudades del Perú.

En tu obra,  eres a la vez creador y  criatura. ¿Cómo logras marcar la frontera (si es que existe) entre el poeta, el ser humano que vive la cotidianidad y el personaje que habita los versos?

No hay frontera ni personaje. Es una voz que me ha martirizado y que no quiero oír la que vive dentro del libro. Las aventuras y los accidentes del joven de noche están escritas como se cuentan las cosas al fondo de un bar, cuando el trago sube: con tinta confesional.

«Me acerco a los cincuenta con el cuerpo mustio, la sonrisa desdentada, los bolsillos en completo subdesarrollo…»

«Las muchachas me miran como a esos animales prehistóricos que se estudian en el colegio: ven a un fantasma en la circulación, dando tumbos, una y otra vez, criatura frágil para el seguro social, parte de una generación de restos fósiles que afean las pantallas…»

 

Sergio Gómez Reátegui ha publicado formalmente dos poemarios:  Sobre papel ajado (2021)  y  Joven de noche (2026), además  sus textos han sido incluidos en diversas publicaciones antológicas como Al Filo del Sol (2021) y Esa Casa Existe (2025).

¿Qué partes de tu biografía real te sentiste obligado a ficcionalizar o exagerar para que funcionaran a favor de la fuerza dramática del poema?

Te diría más bien que le bajé al drama a muchos momentos del libro. Y todo viene de la realidad y de las cosas extrañas que surgen durante la noche. La chama de la pelea, por ejemplo, me llamó al día siguiente hecha un mar de lágrimas para pedirme disculpas, y yo le dije que no había drama, fue solo una pelea nada más, las peleas suceden. Yo no estaba enojado, más bien estaba contento porque a pesar de mis cincuenta y mi notoria subida de peso gané una pelea y eso era importante. No sabes lo feliz que estaba aquella mañana dominguera, me sentía con la energía de un joven de 20 años. No he dramatizado nada, lo que si hice fue agregarle un poco de humor que es una característica  de mi trabajo poético.

«…con mi anciana madre asustada de ver mi cara hundida en una sopa incoherente de letras, sin prole, sin casa, sin una compañera decente que resplandezca en mi brazo…»

«Me abrazo a la poesía como si de su pálpito dependieran mi corazón y sus arterias…»

 

Sergio Gómez Reátegui es fundador de La Poesía Embiste, proyecto independiente de difusión literaria y colectivo cultural peruano. Su principal objetivo es descentralizar, registrar y promover la poesía contemporánea peruana.

Al leerte a tí mismo como un personaje en el papel, ¿has descubierto facetas de tu identidad que desconocías o que nunca antes mostraste?

Básicamente descubrí al mirarme como personaje dentro de esas páginas que me estoy quedando inevitablemente solo, que ya no soy joven las 24 horas del día, y que si no encajo esta realidad me voy a amargar y convertirme en otro viejo vinagre más.

«Años escribiendo sin poder dejar una propina decente en los restaurantes…»

«…también he sido un borracho creativo, un ocioso más con imaginación…»

 

 

 

 

 

Escribir sobre el acto de escribir puede ser un bucle infinito. ¿Cómo evitas que “escribir poesía sobre escribir poesía” se convierta en un ejercicio puramente intelectual o frío, manteniendo la emoción viva para el lector?

Salvo ciertas pinceladas, mal hechas seguramente, intento estar siempre lejos de eso. Si escribiera sobre cómo escribir poesía sería un poco aburrido. Soy partidario de no agregarle más aburrimiento a la literatura peruana.

«Meses y meses despertando siempre con este vergonzoso poema, y no haberme cruzado jamás con el cerebro perturbado de una mujer que baje a todas horas, sin timón, por mi ombligo…»

«Nada importa, si todo sucede de noche: si nos revolcamos en el fango de las hojas o nos hundimos en la tragedia de la literatura. Bien saben los poetas que se irán rodando por un despeñadero, y no lloran: no son liebres asustadas…»

 

 

 

 

 

 

¿Crees que escribir sobre tu vida y ubicarla como temática central de la obra es un acto de absoluta honestidad o, por el contrario, la última máscara del ego?

Me  veo en la necesidad de recurrir a Borges para responder esa pregunta. Alguna vez lo escuché hablar en la televisión mexicana, en medio de una discusión sobre la poesía con compromiso social, que para un hombre lo individual es la realidad, lo que realmente le interesa a un hombre es que una mujer lo quiera, tratar de entender los laberintos de una vida que a veces es demasiado corta y otras demasiado larga. Es decir, esas sensaciones las pasamos todos en distintos momentos de nuestra vida, lo que le pasa a uno también le pasa a todos: el amor, el desamor, la frustración, la búsqueda de los anhelos son temas que nos hermanan a todos. Escribir sobre eso desde uno mismo pero desde el lado de la derrota no puede ser exceso de ego.

«Treinta y cinco años después, quizás tarde, quizás en vano, con el lomo curtido de manías e incoherencias, llego, yo, un quincuagenario sentimental, y dejas, para mí, sin pestillo, la puerta…»

 

 

 

 

 

El lector de tu obra sabe que está leyendo «su vida». ¿Siente que esta complicidad limita la libertad de su escritura, al saberse juzgado tanto como autor como ser humano?

Da igual que me juzguen. Al final un libro escrito es un animal cazado, o un león muerto como diría Hemingway. No pienso en el lector al escribir, solo intento hacerlo bien, nada más.

«Fui siempre esto: un niño caprichoso escribiendo poesía, mirando perturbado a escondidas, por el cerrojo de una puerta…»

 

En este tipo de arte poética es común apelar directamente al lector. ¿Cómo manejas ese diálogo implícito con quien tiene el libro en las manos?

Me daría vergüenza de mí mismo si buscara tener cierta complicidad con el lector, no busco tal complicidad. Si me gustaría que el lector encuentre una voz honesta y no artificiosa al momento de leer el libro, pero eso es solo un anhelo. Si el libro los conecta me sentiré satisfecho y si no, me lavo las manos como Poncio Pilatos y les dejo el teléfono de mi editor, el señor Paul Forsyth, para que lo arreglen con él.