En plena tercera década del siglo XXI, el Perú vive un cambio cultural económico marcado por la globalización, la migración interna y la revalorización de identidades diversas, que hoy redefinen cómo se produce, consume y participa en la vida económica nacional. ¿A dónde llevarán al Perú estos cambio culturales en la economía?

 

POR JULIO HERRERA.-

El cambio cultural implica transformaciones en valores, prácticas y costumbres de una sociedad.  En el Perú, estas transformaciones han sido constantes y profundas, influenciadas por procesos históricos como la colonización, la migración masiva y la modernización desigual

En las últimas décadas, estos cambios han impactado directamente en la economía, modificando patrones de consumo, modelos de negocio y dinámicas laborales.

(Foto: Shutterstock) La economía popular y el emprendimiento en el Perú constituyen el verdadero motor del país. Con más del 70% de la actividad económica operando en la informalidad y más de 6 millones de Micro y Pequeñas Empresas (Mypes) que representan el 99.7% del tejido empresarial, el autoempleo y el comercio popular definen la dinámica financiera diaria de la mayoría de los peruanos. El país registra un ritmo de creación de 46 nuevas empresas cada hora, consolidando una de las tasas de actividad emprendedora más altas de la región. La fuente oficial de este dato es el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) del Perú. De acuerdo con los reportes institucionales, el país registra un promedio de 46 nuevas empresas creadas cada hora, lo que refleja una de las dinámicas de emprendimiento más aceleradas de América Latina. Asimismo, cifras del Ministerio de la Producción (PRODUCE) complementan este panorama señalando que 5 de cada 1,000 peruanos en edad laboral fundan una MYPE, superando los promedios de otros países de la región como Uruguay, Colombia y Paraguay.

 Un país que se redefine: migración y nueva identidad económica

La migración interna del siglo XX y XXI generó una mezcla cultural que transformó las ciudades y la economía peruana. Según análisis históricos, este movimiento produjo una “nueva composición social” que rompió los moldes tradicionales de la ciudad capital y dio lugar a nuevas formas de emprendimiento y organización económica.

Los migrantes llevaron consigo saberes, gastronomía, artes y prácticas comerciales que hoy son pilares de sectores como la cocina peruana, el comercio minorista y los servicios urbanos.

 

 

 

 

Globalización y nuevas prácticas económicas

La globalización es uno de los factores más influyentes del cambio cultural peruano. Su impacto económico se observa en la adopción de tecnologías digitales, que transforman el comercio y el empleo; nuevos hábitos de consumo, influenciados por tendencias globales; mayor acceso a educación, que permite cuestionar y transformar prácticas tradicionales. Estas dinámicas han impulsado la expansión de industrias como el comercio electrónico, la gastronomía internacionalizada y los servicios digitales.

En el Perú, la globalización ha reconfigurado de manera decisiva la economía, la política, la cultura y las dinámicas sociales, generando oportunidades de integración internacional pero también tensiones en la identidad nacional y en la sostenibilidad del desarrollo.

 

 

 

 

 

Transformaciones económicas

La apertura económica iniciada en los años 90 marcó el ingreso del Perú a los mercados globales, liberalizando el movimiento de capitales, bienes y servicios. Este proceso permitió incrementar exportaciones, atraer inversión extranjera y fortalecer sectores como minería, agroexportación y pesca, pilares del crecimiento nacional.

Sin embargo, esta integración también generó dependencia de recursos naturales, exposición a la volatilidad de precios internacionales y dificultades para las pequeñas empresas que compiten con productos importados.

La globalización económica, según diversos análisis, ha consolidado redes financieras globales y el poder de las transnacionales, influyendo en la estructura productiva peruana.

 

 

 

 

Impacto político

La globalización ha transformado la política interna peruana, debilitando la soberanía nacional y cuestionando la relevancia de los partidos tradicionales.

Durante los años 80 y 90, el país experimentó volatilidad electoral y el surgimiento de “informales políticos”, reflejo de cambios ideológicos y del desgaste de las organizaciones partidarias.

La influencia de modelos globales, especialmente neoliberales, reconfiguró el discurso político y desplazó narrativas tradicionales, como se observó en la modernización impulsada durante el gobierno de Fujimori.

La globalización también ha incrementado la presión internacional sobre la institucionalidad democrática y los derechos humanos, limitando el aislamiento político del país.

 

 

 

 

Transformaciones culturales

La cultura peruana, diversa y profundamente arraigada, ha sido impactada por la interconexión global. La globalización ha fomentado la difusión internacional de la gastronomía, música y arte peruano, fortaleciendo la visibilidad cultural del país.

Pero también ha generado homogeneización cultural, desplazando tradiciones locales frente a influencias externas, como el predominio de productos culturales globales (cine, música, marcas internacionales).

Las comunidades indígenas han encontrado en la tecnología una herramienta para visibilizar sus luchas y tradiciones, fortaleciendo la autodeterminación cultural. Sin embargo, y al mismo tiempo, festividades como los Carnavales, Inti Raymi o la Candelaria enfrentan riesgos de comercialización excesiva que diluyen su significado original.

Dimensión social

La globalización ha ampliado el acceso a tecnologías, información y oportunidades educativas, especialmente en zonas urbanas.

Sin embargo, persisten desafíos estructurales como la informalidad laboral, que afecta al 70% de las empresas peruanas en el comercio internacional, y la desigualdad en el acceso a servicios básicos.

La influencia de medios globales ha transformado hábitos de consumo y comunicación, reforzando la cultura de la imagen en la política y en la vida cotidiana.

Dimensión ambiental

La presión sobre los recursos naturales se ha intensificado debido a la demanda internacional de minerales, productos agrícolas y combustibles.

Esto ha generado conflictos socioambientales, tensiones territoriales y la necesidad de políticas de sostenibilidad más robustas.

Tecnología y conectividad

El desarrollo de la informática y las telecomunicaciones —parte esencial de la globalización— ha permitido que la información y la cultura circulen sin fronteras.

En Perú, esto ha impulsado la digitalización, el acceso ampliado a internet y nuevas oportunidades laborale. Pero también ha introducido riesgos como la desinformación y la pérdida de prácticas culturales tradicionales

Gastronomía: Un ejemplo emblemático de cambio cultural económico

La cocina peruana es uno de los casos más claros de cómo la cultura transforma la economía. La fusión de influencias indígenas, españolas, africanas y asiáticas ha creado una gastronomía diversa y globalmente reconocida.

Platos como el ceviche y la cocina chifa son resultado directo de procesos culturales que hoy generan miles de empleos, atraen turismo y posicionan al Perú en mercados internacionales.

 

 

 

 

 

Tecnología y cultura económica

La tecnología ha acelerado el cambio cultural y económico. Las redes sociales permiten difundir tradiciones y productos peruanos a audiencias globales, mientras aplicaciones educativas revitalizan lenguas indígenas como el quechua y el aymara.

Este cruce entre cultura y tecnología impulsa nuevos emprendimientos, desde artesanías digitalizadas hasta música y contenido cultural exportado por plataformas digitales.

Desafíos del cambio cultural económico en el Perú

El Perú enfrenta un cambio cultural económico marcado por brechas estructurales, baja productividad y una institucionalidad frágil, mientras la cultura emerge como un recurso estratégico para cohesión social, innovación y desarrollo sostenible.

Por otro lado el Perú es un país en transición: bases económicas y tensiones estructurales. El Perú posee sólidos fundamentos macroeconómicos —inflación controlada, reservas internacionales altas y baja deuda pública— que podrían permitirle convertirse en un país de ingresos altos en dos décadas.

Sin embargo, el crecimiento está por debajo de su potencial debido a baja productividad, alta informalidad y debilidad institucional, factores que frenan la creación de empleo y la inversión.

El Banco Mundial advierte que, sin reformas audaces, el país tardaría 64 años en alcanzar la categoría de ingresos altos.

Estos desafíos económicos se entrelazan con problemas culturales: desconfianza en el Estado, desigualdades territoriales y crisis de representación, que limitan la capacidad de implementar políticas sostenidas.

Uno de los desafíos más importantes es superar la crisis deinstitucionalidad  y  lasbrechas persistentes. Las políticas culturales en el Perú se desarrollan en un contexto de crisis permanente, con cambios constantes de gestión y un Ministerio de Cultura con el presupuesto más bajo del gabinete.

Entre los principales problemas destacan un presupuesto insuficiente: Perú invierte entre US$ 7 y US$ 8 millones anuales en cultura, muy por debajo de México, Colombia o Chile.

Otro problema es la precariedad laboral en el sector cultural, con alta informalidad y ausencia de seguridad social, así como un Patrimonio en riesgo constante: solo el 10% de los más de cien mil sitios arqueológicos tiene registro oficial, lo que facilita invasiones y destrucción.

Un dato fundamental es el que se refiere a los públicos ausentes: solo 7.7% de la población visita museos anualmente. La cultura, pese a su potencial, sigue siendo un sector con baja prioridad política y débil institucionalidad. El país tiene ventajas comparativas en cine, música, animación, diseño y videojuegos, pero carece de una política económica que impulse estos sectores.

El 85% del presupuesto de subvenciones se concentra en cine y audiovisual, dejando rezagadas otras áreas creativas.

Además, la doble tributación y la falta de infraestructura cultural dificultan la internacionalización de la producción peruana.

 

 

 

 

Cambio cultural económico: cómo conectar cultura y economía

El cambio cultural económico en el Perú implica reconocer que la cultura fortalece la cohesión social en un país marcado por desigualdad, racismo y violencia de género y que también genera impacto económico a través de industrias creativas, turismo cultural y patrimonio. Además aumenta el capital social. Por ejemplo películas en lenguas originarias han impulsado interés por el quechua y aimara, mostrando efectos concretos en identidad y educación.

La cultura también contribuye a la gobernanza: la cultura puede ayudar a recuperar la confianza en el Estado y reducir el malestar ciudadano así como generar oportunidades para un nuevo modelo de desarrollo. Los informes prospectivos del Ceplan señalan que el Perú debe prepararse para escenarios futuros donde la cultura, la tecnología y la sostenibilidad serán claves para el desarrollo. El Banco Mundial y el IPE coinciden en que el país necesita reformas estructurales para elevar productividad y formalización.

Hacia un cambio cultural económico sostenible

El Perú requiere integrar cultura y economía en una visión de desarrollo que reconozca la cultura como motor de innovación y cohesión, promueva industrias creativas como sectores económicos estratégicos, fortalezca la institucionalidad para garantizar políticas de largo plazo, reduzca desigualdades territoriales y mejore la confianza en el Estado.

El cambio cultural en la economía peruana no es lineal ni homogéneo, pero sí constante. La mezcla de tradiciones, la globalización y la tecnología están redefiniendo la identidad económica del país, generando oportunidades y retos que requieren una mirada inclusiva y crítica.

JULIO HERRERA: Antropólogo, periodista y escritor. Director de Portada Hispana.